LA ESCLAVITUD DEL SANTO CRISTO DE LA CRUZ: TRES SIGLOS DE HISTORIA
Durante los últimos años del siglo XVII o primeros del XVIII, se estableció en la ermita de la Cruz del barrio del Mercado una cofradía bajo la denominación de “Esclavitud del Santísimo Cristo de la Cruz”.
Su existencia cumple, pues, tres siglos continuados ya que en ningún momento de su historia dejó de funcionar. Hoy es la segunda cofradía en orden de antigüedad entre las segovianas, tras la del Cristo de los Gascones, fundada en 1647.
La situación social de Segovia, en la época de su creación, era muy diferente a la edad de oro que había representado el siglo XVI. Con la industria de paños en franco retroceso, la ruralización de la sociedad segoviana era evidente y más aun en el barrio extremo del Mercado, antaño poblado por menestrales de los paños que habían hecho crecer la población segoviana de forma espectacular llegando desde todos los puntos de la Corona de Castilla, y que ahora lo habitaban solo labradores y arrieros.
En el punto más elevado del barrio, junto al Camino Real de la Fuenfría, vía pecuaria inmemorial que los romanos perpetuaron al trazar por ella una calzada que unía los valles del Duero y del Tajo, se situaba el Santuario de la Cruz, fundado a instancias del dominico Vicente Ferrer, a su paso por la ciudad un 3 de mayo de 1411.
En el templo, desde los primeros años del siglo XVI, se venera una imagen de Cristo Crucificado, talla anónima que presenta reminiscencias góticas, posiblemente de finales del XV. La imagen de Cristo muerto cautivó pronto a los segovianos como lo demuestra el hecho de que la comitiva fúnebre que trasladaba, en 1529, el cuerpo del Marqués de Villena, Don Diego López Pacheco, desde Escalona en Toledo, para recibir sepultura en el Monasterio del Parral, hace estación en la ermita para que todos los asistentes hiciesen “reverencia al Crucifijo muy devoto que allí está”.
Con anterioridad a la fundación de la Esclavitud, ya existía la costumbre de vestir la imagen con las características faldillas. Está documentada la existencia de “camisas” para el Santo Cristo desde 1604. Entonces eran de colores claros lo cual pone en relación a nuestra imagen con el Cristo de los Milagros, venerado en la Catedral de Burgos, cuya devoción se extendió por Castilla durante el siglo XVII.
Posteriormente se pasó a las actuales faldillas moradas con aplicaciones en hilo de oro, que hace que nuestra imagen sea conocida en la ciudad como el “Cristo de las enagüillas”, al verse las puntillas de las enaguas que porta debajo de las faldillas dada la situación elevada de la imagen tanto en su ermita como durante la procesión.
Los labradores del barrio, como antes los menestrales de los paños, tenían en el Cristo de la Cruz el centro de su devoción. En una época en que las penurias económicas hacían aun más penosas situaciones como falta de trabajo, enfermedades y, muy especialmente, la muerte, los habitantes del barrio se reunieron en torno al Cristo para formar una cofradía asistencial dedicada a sostener a sus miembros en situaciones de necesidad. Ante la enfermedad de cualquiera de ellos, los hermanos esclavos se turnaban para asistirle, lo mismo que si se producía el fallecimiento, si el hermano “fuere pobre y necesitado, que no tenga para poder enterrarse, que la Esclavitud le haya de hacer un entierro de conformidad” y encargándose de “que en el mismo día de su muerte o en el de su entierro se le apliquen las misas que están señaladas de Privilegio, que son tres”. Aun se conserva la tradición secular de cubrir el féretro con el “paño de difuntos”, manto negro que simboliza la confianza de haber muerto bajo la protección del Santísimo Cristo.
No son escasas las noticias acerca de ayudas a viudas y hermanos necesitados, por lo que la situación económica de la Esclavitud llegó a ser dramática a veces.
Esa encomiable labor asistencial se unía a la de oración: sus “hermanos esclavos” estaban obligados a reunirse cada domingo, a las dos de la tarde, en la sacristía de la ermita “para tratar una hora de las cosas convenientes a la Santa Esclavitud, rezar el Rosario y Letanía y encomendar a Dios a los esclavos difuntos”. El exacto cumplimiento de esas obligaciones hizo que el papa Benedicto XIII concediese Bula Perpetua a la Esclavitud el 7 de julio de 1724, donde se afirma: “...así como tenemos entendido que en la Iglesia, Capilla o Ermita llamada del Santísimo Cristo de la Cruz (...) exista erigida una piadosa y devota Esclavitud de los fieles de Cristo, dedicados a la gloria, alabanza y honra del Santísimo Cristo de la Cruz y de Dios Todopoderoso, provecho de las almas y socorro del prójimo (...) y cuyos amados Hijos Esclavos han acostumbrado a ejercer muchísimas obras de Piedad, Caridad y Misericordia...”
La Esclavitud presentaba una diferencia con respecto a otras Cofradías de la ciudad, estaba destinada “...no solamente para los hombres de un arte especial”, puesto que la tradición secular era que cada gremio o cofradía integrase a quienes practicaban el mismo oficio, mientras que ésta la formaban personas de cualquier profesión y rango social, tanto si vivían en el Mercado como en otro punto de la ciudad, por lo que entre sus miembros se contaban eclesiásticos o parroquianos de La Trinidad y San Miguel, por ejemplo.
Antes de integrarse plenamente en la Esclavitud, el “pretendiente” debía pasar un periodo de prueba, siendo tutelado por el “Maestro de pretendientes” que se informaba, además, de su honestidad y rectitud. Cada “hermano” estaba obligado a pagar una contribución semanal que en un primer momento se señaló en “cuatro maravedís”, cuyo incumplimiento podía ser causa de expulsión si no se justificaba convenientemente.
Desde 1745 se concedió a la Ermita la prerrogativa de mantener el Santísimo Sacramento en el Sagrario de su Altar Mayor, privilegio exclusivo de los templos parroquiales, para lo que la Esclavitud se comprometió a mantener perpetuamente la luz del Santísimo, obligación que cumple fielmente desde entonces.
La fiesta principal de la Esclavitud fue, inicialmente, el domingo siguiente al 3 de mayo, para pasar hacia 1840 al día de la Cruz de Septiembre, cuando los labradores habían finalizado ya la recogida de la cosecha. Ese día era obligatorio asistir a misa a la ermita y comulgar, obligación extensiva a los días de la Santísima Trinidad, Natividad de Nuestra Señora, Inmaculada Concepción, San Matías y Miércoles Santo.
En la actualidad se celebra el día de la Cruz de Mayo, fiesta grande del barrio, en la que la Esclavitud se encarga de los aspectos litúrgicos en la Misa Solemne.
Cuando en 1821 se cerraron los cementerios parroquiales y se abrió el del Santo Ángel de la Guarda, aumentaron las dificultades para trasladar los difuntos desde cada parroquia. Por ello la Esclavitud señaló una nueva obligación: trasladar al “hermano difunto” a hombros y acompañarle con cirios, estableciéndose un turno riguroso entre todos los hermanos para la misión. A finales del siglo XVIII la Esclavitud tenía la obligación, además, de proporcionar como mortaja a cada “hermano difunto” el hábito franciscano.
Hasta los años treinta del recién terminado siglo XX, la imagen del Santísimo Cristo de la Cruz solo había salido procesionalmente en cinco ocasiones. Lo había hecho con motivo de rogativas por guerras -contra Francia en 1793 o la de Cuba en 1896-, graves crisis políticas -la retención de Fernando VII en Cádiz por los constitucionalistas en 1823- o las epidemias de cólera que azotaron Segovia en 1855 y 1885.
En 1939, recién acabada la Guerra Civil, se volvió a celebrar la Procesión del Santo Entierro, que había sido prohibida al proclamarse la República en 1931. A las cinco y media de la tarde del 7 de abril de 1939, día de Viernes Santo, la imagen del Santísimo Cristo de la Cruz salía de su ermita del Mercado para dirigirse a la Catedral y participar en la Procesión. Era acompañada por numerosísimos vecinos del barrio y por todos los hermanos de la Esclavitud.
Hace 63 años, pues, que la Esclavitud cumple fielmente su compromiso cada Semana Santa: con la mayor solemnidad traslada su Cristo hasta la Catedral, en una manifestación de fe y piedad popular que sirve para unir a viejos y nuevos vecinos del barrio, para que quienes nacieron bajo su amparo y ahora viven en otros barrios de la ciudad, o incluso fuera de ella, vuelvan a pasar unas horas bajo su sombra acogedora, para que el barrio, en fin, se reencuentre con una de sus señas de identidad: Cristo en la Cruz, acogiéndonos a todos con sus brazos extendidos...
Desde la década de los años cuarenta del siglo recién finalizado, escoltan el paso siete números de la Guardia Civil y durante los años que la Comandancia contó con una Banda de Cornetas y Tambores, esta también acompañó la procesión. En 1967 el Benemérito Cuerpo de la Guardia Civil fue nombrado “Hermano Mayor Honorario” de la Esclavitud, no solo en atención a la continua atención prestada tanto a la Esclavitud como a la ermita, sino en reconocimiento a la labor asistencial que diariamente prestan a la sociedad.
Esta misma distinción fue otorgada a la Fundación Nicomedes García en atención al notabilísimo apoyo prestado para la restauración de la ermita y su solemne reapertura al culto el 3 de mayo de 1997.
El hábito de la Esclavitud se creó en 1955. Con capa amarillo oro; túnica morada, con los botones y el borde delantero amarillo, ceñida con cinturón amarillo; capirote morado, con una cruz amarilla a la altura del pecho, y guantes blancos. Sus colores sólo podían ser morado y oro, los que presentan las faldillas de la imagen: el morado nazareno y el amarillo de las espigas maduras, sustento de los labradores que había en el barrio, pero también amarillo oro, símbolo del tesoro precioso que encierra el Misterio de la Cruz.
Para dar mayor realce a la procesión y honrar debidamente a Nuestro Salvador, la Esclavitud construyó, en 1999, una nueva carroza para la imagen, cuyo elevado costo ha sido sufragado en su mayoría con las generosas ayudas de cofrades y devotos y nos impidió completar su ornato, lo que queremos ir haciendo en años sucesivos. Esta Semana Santa añadiremos unos motivos de madera tallada, sobredorada y policromada, basados en los relieves del Retablo Mayor de la ermita, cuyo autor es el imaginero alcarreño Benito Rufo Yebra.
En la línea de renovación que hemos emprendido, con el fin de dar mayor realce y dignificación a los desfiles procesionales, el pasado año estrenamos dos nuevos estandartes -regalados por sendas hermanas cofrades- y los capuchones acompañaron la imagen portando faroles nuevos.
Desde 1936 hasta 1997, la imagen se trasladaba hasta la Catedral la misma tarde del Viernes Santo. En 1998, por necesidades organizativas de la Semana Santa, el traslado se hizo en la mañana del Viernes y al año siguiente quedó establecido en la tarde del Jueves Santo, una vez que finaliza en la Parroquia la celebración de la Cena del Señor.
Una de las funciones estatutarias que ha de cumplir la Esclavitud es el fomento del culto al Santísimo Cristo, para ello, desde 1960 se lleva celebrando un Solemne Triduo durante el Lunes, Martes y Miércoles Santos, momentos en que la ermita rebosa de fieles llegados de toda la ciudad. Cada año procuramos que se encargue del mismo un sacerdote de reconocido prestigio en la ciudad -esta ocasión va a ser D.Ángel García Rivilla, Canónigo de la Santa Iglesia Catedral-. El Lunes, al finalizar los cultos, se reza un Vía Crucis por las calles del barrio.
La labor asistencial que dio lugar a la Esclavitud y que durante siglos fue su razón de ser, hoy en día es acometida por otros organismos con medios infinitamente mejores y mayores, pero no queremos permanecer ajenos a nuestros orígenes, por ello organizamos un Concierto de Navidad en la ermita con la presencia de algún grupo coral o musical, y repertorio de música sacra, recogiendo aportaciones económicas de los asistentes que destinamos a labores asistenciales en nuestra ciudad -el presente año ha sido la Nueva Residencia de las Hermanitas de los Pobres la destinataria de lo recaudado-.
