Los pasos
Las imágenes procesionales de esta cofradía son dos obras significativas de la imaginería religiosa del siglo XX, donación Aniceto Marinas al barrio de San Millán, del que fue monaguillo en su niñez. La primera donación, la de la Soledad al Pie de la Cruz, se produjo en 1930. Fue un acontecimiento de primer orden en la ciudad. Ese año salió en la Procesión de los Pasos del Jueves Santo, acompañada de su cofradía, creada para el acontecimiento en el barrio de San Millán. En 1931 salió ya en la Procesión del Santo Entierro del Viernes Santo. En 1935 tuvo lugar por primera vez la Procesión de la Soledad , el Viernes Santo a las diez de la noche, desfilando como única imagen. Tras la Guerra Civil, vuelve a verse en la Procesión del Santo Entierro del Viernes Santo hasta finales de los setenta, cuando la Procesión de los Pasos comienza a celebrarse el Viernes Santo, incorporándose a este gran desfile.
La imagen fue seleccionada para la exposición ‘El Árbol de la Vida’ de la fundación Las Edades del Hombre en la Catedral de Segovia, desarrollada en 2003.
Desde el punto de vista iconográfico los expertos consideran interesante la colocación de la Dolorosa a los pies de la cruz en una presencia devocional con escasos precedentes. A esta circunstancia se une la dignidad con que está situada “rota, con los brazos extendidos a lo largo del cuerpo y casi exangüe de palidez, en contraste marcado con una coloración fría del ropaje”, según el catálogo de Las Edades del Hombre.
El escultor huyó de lo efectista para representar a la Virgen alrededor de los cincuenta años, que es la edad supuesta que debía tener en el momento de la muerte de Jesucristo, sin lutos. Para ello se documentó con rigor e hizo traer de Tierra Santa una túnica como las que vestían las mujeres de Palestina. Además, tiene la justa dosis de patetismo emotivo que recuerda lo mejor de la tradición.
La talla es de madera de cedro y tiene un metro noventa de estatura. El peso original de la imagen con las andas era de 1.500 kilos.
En cuanto al Cristo, datado en 1947, los expertos lo consideran “una representación sentida de Cristo vivo en la Cruz con importantes precedentes iconográficos”, y caracterizado por un notable patetismo, aunque de menos interés tipológico que la Dolorosa.
Está representado a punto de expirar, momento escogido para interpretar el dramatismo de la historia, con un breve cordel sujetando precariamente un desordenado paño de pureza que cubre con amplitud la parte trasera de las antepiernas, pero deja casi al descubierto el perfil de un pie, lo que recuerda importantes precedentes del siglo de Oro en la Escuela Castellana
