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Pregón inaugural Semana Santa 2021 – Javier García Nuñez

S.I. CATEDRAL . 20 de marzo de 2021

Excmo. y Rvdmo. Sr Obispo; Ilmo. Sr Deán y miembros capitulares del Ilmo. Cabildo Catedral; Autoridades; Presidente y Junta Directiva de la Junta de Cofradías, Hermandades y Feligresías de Segovia; Cofrades, señoras y señores

La rueda del tiempo, con la que de modo inexorable Dios gobierna nuestras vidas, marca el calendario litúrgico y el ciclo de las estaciones, nos sitúa, avanzada la Cuaresma, ante la Semana Santa; para anunciarla y proclamarla es menester pregonarla, tarea para la que fui elegido en su día y a la que hoy damos cumplimiento; agradezco sinceramente la designación por la Junta de Cofradías, con cuyos miembros actuales y anteriores tantos vínculos me unen, y la ratificación de dicha designación por el Obispado de Segovia. 

La Semana Santa es la celebración litúrgica y popular de los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, el que, como nos dice San Pablo en su carta a los Filipenses “no hizo alarde de su condición de Hijo de Dios, sino que despojándose de su rango pasó por uno de tantos y aceptó la muerte y una muerte de Cruz”. La Cruz; ya desde los primeros momentos del Cristianismo se nos hace presente la Cruz. Es la señal de los cristianos, el símbolo preeminente de la Cultura cristiana y uno de los lugares habituales de encuentro del creyente con Dios.

Se cuenta de un crucifijo flamenco situado en un cruce de caminos a cuyo pie reza la siguiente inscripción: “Yo soy la luz y no me miráis; yo soy el camino y no me seguís; yo soy la verdad y no me creéis; yo soy la vida y no me buscáis; yo soy el Señor y no me obedecéis; yo soy vuestro Dios y no me rezáis. Si no sois felices, no me culpéis”.

Pero además la Cruz es el camino que nos lleva a la Resurrección, pues como también decía el apóstol “Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra Fe”. Ahora bien, para llegar al Domingo de Resurrección es necesario pasar por la Cruz del Viernes Santo, pues –continuando con San Pablo- “nosotros proclamamos a Cristo Crucificado, locura para los judíos, necedad para los gentiles”

Locura y necedad fueron las respuesta que Pablo encontró cuando anunció a Cristo; en esos dos términos queda encerrada la dificultad de la inteligencia humana para comprender la Cruz, una dificultad manifestada desde los tiempos del apóstol y que no ha impedido a muchos intelectuales creyentes y no creyentes acercarse a la Cruz; veremos algunos ejemplos de las aproximaciones efectuadas en el siglo XX en el intento por compatibilizar la Cruz y los postulados de la Razón.

Nada de cuanto venimos diciendo puede resultar extraño en Segovia, puesto que vamos a defender y mantener que Segovia es la ciudad de la Cruz. Quiero proponerles como hilo conductor de nuestro pregón ese motivo, creo que ajustado a la realidad de nuestra Historia y de nuestra Fe. Segovia, la ciudad de la Cruz

Para comprender el planteamiento que hoy les hago debemos remontarnos a las primeras décadas del siglo XIII, hace más de 800 años.

1.- En el año 1208 los Caballeros del Santo Sepulcro, desde su Encomienda de Toro, finalizaban y consagraban en nuestra ciudad un templo dodecagonal erigido en evocación del Santo Sepulcro de Jerusalén, el lugar donde reposó el cuerpo de Jesucristo en aquellas horas que ahora recordamos el Sábado Santo. Tempo románico cargado de arcaísmo, que nos trae aromas de Oriente, edificado en una terraza rocosa en la margen derecha del río Eresma, junto al camino que conducía a la antigua localidad de Miraflores, luego llamada Zamarramala[1].

2.- Tan solo diez años después, en 1218, llegaba a Segovia un personaje singular, se trataba de Fray Domingo de Guzmán, quien poco antes había conseguido la bula pontificia de aprobación de la Orden de Predicadores. En 1218, como decimos, y tras visitar a algunas familias nobles en el casco intramuros de la ciudad, se refugiaba en una húmeda y fría cavidad en las laderas que bajan al valle del Eresma. Allí, en lo que hoy conocemos como “Cueva de Santo Domingo”, en realidad una tosca cripta, se mortificó al revivir la pasión de Cristo, con intensas visiones, en especial la de Jesús crucificado como se deja constancia en las ilustraciones de “Los nueve modos de orar de Santo Domingo”. Los hijos de Fray Domingo edificaron sobre la cripta una sencilla iglesia románica, -siglos después sería monumental convento isabelino- y la dedicaron a la advocación de la “Santa Cruz”[2].

3.- Y como tercer hecho fundacional de esta Historia, tenemos que recordar que en 1224 el papa Honorio III hacía donación de un fragmento del “Lignun Crucis”, la verdadera Cruz de Cristo que vino a parar a la iglesia segoviana del Santo Sepulcro, templo que a partir de aquel momento trocó su dedicación por la de la “Verdadera Cruz”, la Vera Cruz[3]

Así que a mediados del siglo XIII Segovia ya contaba con dos santuarios dedicados a la Cruz, uno la Santa Cruz, en la ribera izquierda del Eresma, en la umbría, rodeado de frondosa vegetación, otro, aguas abajo, en su ribera derecha, en la solana, sobre áspero y rocoso calvero, la Vera Cruz. Ninguno de los detalles que cito es baladí, sino todo lo contrario, tienen un muy preciso sentido: en Segovia la Cruz se proclama desde tiempos muy remotos como Santa y Verdadera. Algo del aroma de aquellos tiempos se puede apreciar en la noche del Viernes Santo, cuando los Caballeros de la Soberana y Militar Orden de San Juan de Jerusalén, Malta y Rodas, popularmente conocida como Orden de Malta, desfilan en solemne procesión hacia el arrabal de Zamarramala para encontrarse con el Cristo yacente que, en descenso del camino, viene a su encuentro.

Asentadas aquellas devociones en el siglo XIII, pronto comenzaría el flujo de peregrinos y devotos que honrarían a la Cruz de Cristo en aquellos templos; según la tradición, el propio rey Fernando III el Santo, cuya efigie se venera en lugar destacado de esta Catedral, en el retablo de la Capilla del Santísimo Sacramento.

4.- Tendrían que pasar casi dos siglos hasta que la ciudad tuviera un nuevo santuario dedicado a la Cruz; en 1411 el fraile dominico Vicente Ferrer, llegaba a Segovia y predicaba en los altos del Mercado; el objeto de la predicación, como se pueden imaginar, la Cruz de Cristo. Este hecho determinó que pocos años después se edificase en el lugar una sencilla ermita mudéjar, luego ampliada en el período barroco, y que se dedicase la misma al Santo Cristo de la Cruz, llamado del Mercado. Con lo que Segovia ya tenía a mediados del siglo XV tres santuarios dedicados a la Cruz. Este último que citamos era el primero que encontraban los peregrinos y viajeros que llegaban a la ciudad desde la capital del reino y desde el Sur de España, una vez superados los pasos de la Sierra[4].

Herederos de tan rica historia, los cofrades del Mercado siguen venerando en dicha ermita al Santo Cristo de la Cruz, con sus características faldillas. Cómo nos impresionaba en nuestra infancia el fuego verde de los cuatro pebeteros que adornan la carroza del Cristo, en imagen que resulta inseparable de los miembros de la Guardia Civil que, marciales, custodian la imagen.

Lo cierto es que Cruz del Mercado, Santa Cruz y Vera Cruz forman una espina dorsal de la Segovia histórica, de la Segovia de siempre.

5.- Avancemos en el tiempo y situémonos en el siglo XVI. Una monja de Ávila está revolucionando pueblos y ciudades de Castilla con la reforma del Carmelo, es Teresa de Jesús, quien llega a Segovia en 1574[5] con el propósito de fundar un convento ajustado a la nueva regla carmelitana. Recordemos ahora su poema: “En la Cruz está la vida y el consuelo/y ella sola es el camino para el Cielo/en la Cruz está el Señor de Cielo y Tierra/ y el gozar de mucha paz aunque haya guerra/todos los males destierra en este suelo/ y ella sola es el camino para el cielo[6]

Con Teresa viene un fraile de pequeña estatura, mi medio fraile, fray Juan de la Cruz, quien será capellán de las religiosas y quien oficiará la primera misa de la nueva fundación. El religioso ha trocado su nombre en el mundo -Juan de Yepes- por el de Juan de la Cruz, por la devoción que siente hacia la Cruz de Cristo. Volverá a la ciudad como prior del Carmelo masculino que había sido fundado en las riberas del Eresma pocos años antes, y ya difunto, reposará eternamente en dicho convento desde 1593[7]. Juan de la Cruz, cuyo eco místico renace todos los años el Miércoles Santo en el multitudinario y devoto Vía Crucis que se celebra, a la zaga de su huella, por la huerta carmelitana hasta la ermitilla asomada al vacío de las Peñas Grajeras.

Llegados a este punto tenemos que mencionar una de las más sinceras y dramáticas aproximaciones al misterio de la Cruz de las que se realizaron en el siglo XX. En 1942 se celebrara el IV Centenario del nacimiento de San Juan de la Cruz, y muy lejos de Segovia, en Holanda, una monja carmelita escribía sobre nuestro santo. Era Edith Stein, en religión sor Teresa Benedicta de la Cruz, quien siendo profesora de Filosofía había transitado de su inicial judaísmo al agnosticismo, y de ahí a la conversión católica, con profesión religiosa carmelitana incluida. Comienza a escribir una obra denominada “La Ciencia de la Cruz”, título que inmediatamente nos evoca los versos de San Juan, quizá compuestos en Segovia: “Entreme donde no supe y quedéme no sabiendo toda ciencia trascendiendo/ Yo no supe dónde estaba/pero cuando allí me vi/sin saber dónde estaba/grandes cosas entendí/no diré lo que sentí/que me quedé no sabiendo toda ciencia trascendiendo[8]

La obra de Edith sobre San Juan de la Cruz queda truncada la noche en que los agentes de la Gestapo irrumpen en el convento y se llevan detenida a la religiosa por sus orígenes judíos; recorrerá varios campos de concentración y morirá gaseada en Auschwitz el 9 de agosto de 1942, fue su particular y definitivo encuentro con la Cruz.

Pero volvamos a nuestro recorrido. Mediado el siglo XVI se celebró el Concilio de Trento que dio paso al movimiento denominado “Contrarreforma”. La renovación catequética de la Contrarreforma impulsó de nuevo el culto a la Cruz y a los misterios de la Pasión; fomentó la piedad popular, la formación de cofradías y las prácticas piadosas. Encontró un magnífico aliado en el arte barroco, de modo que Barroco y Contrarreforma produjeron un esplendor nunca alcanzado en el arte cristiano. En esta Catedral tenemos numerosos ejemplos; de entre todos destaca, joya de nuestro Viernes Santo, el Cristo Yacente de Gregorio Fernández, que bajo la denominación “Camino del Sepulcro” es venerado por la Feligresía de San Andrés, cuyos miembros le acompañan en procesión. Debemos recordar en este punto cómo cautivó esta imagen a los poetas y pensadores de la Edad de Plata segoviana; Juan José Llovet, el fundador de la tertulia de intelectuales que dio lugar a la Universidad Popular le dedicó un bello poema: “Cristo Yacente de la Catedral/ con la carne llagada y amarilla/ lívido en el negror de la capilla/ bajo una lámpara sepulcral/ Cristo Yacente de la Catedral/cómo se empavorece el corazón/viendo hundirse en tu seno la mirada/ante tu pobre carne macerada/morado lirio de renunciación/Cristo Yacente de la Catedral[9]

Contamos además con varios testimonios de María Zambrano, quien mantenía el recuerdo de esta talla desde su juventud segoviana de aquellos tiempos, tal y como le confesó la autora a Antonio Colinas[10], a quien le hizo un elogioso comentario sobre este Cristo, poniéndole en relación con el crucificado de Velázquez, y ambos con el famosísimo poema de don Miguel de Unamuno. En otra ocasión, Viernes Santo de finales de los años ochenta, María llama desde Madrid a sus amigos segovianos para que vengan a la Catedral y se hagan con una estampa del Cristo Yacente, imagen que María Zambrano conservó en su casa madrileña hasta su muerte pocos años después[11].

Tenemos que tener en cuenta que el mismo anhelo que inspiró la gubia de Gregorio Fernández al tallar este Cristo es el que llevó al pueblo de Segovia a erigir en los siglos del Barroco, cruces, poderosas y sencillas cruces, generalmente de granito en lugares significativos de la ciudad. Muchas han desaparecido, otras han sido trasladadas o desmontadas pero lo cierto es que en la actualidad todavía subsiste una treintena larga de estas cruces, casi todas del mismo tipo: berroqueñas, sobre un pedestal cúbico que permite labrar en sus cuatro caras inscripciones devotas, piadosas dedicatorias, escudos de los donantes, etcétera.

Citemos algunas de estas cruces: una en la plaza del Salvador, ante su iglesia parroquial, en cuya jurisdicción se alza el templo de San Justo donde se venera, al recuerdo de una vieja leyenda, la antiquísima imagen del Santo Cristo de los Gascones[12], a la que dan culto la Cofradía de la Santa Esclavitud y del Santo Entierro, y la Curia segoviana; otra cruz ante la capilla del Cementerio del Santo Ángel de la Guarda, dos más en el entorno del Cristo de la Cruz, en el Mercado; otra en la plaza de Santa Eulalia, al pie de su iglesia parroquial, marcando el lugar en que en la noche de Viernes Santo los cofrades del Recogimiento y feligreses de Santa Eulalia entonan piadosos la Salve a la Virgen Soledad Dolorosa, en uno de los actos más emotivos de tan especial noche; dos cruces más en el inmediato entorno de la iglesia de San Millán y otra ante la Vera Cruz, templo del que ya hemos hablado. Pero el grupo más importante, todos ustedes lo saben, es el que subsiste en los Altos de la Piedad, casi una docena de cruces, y alguna más en el camino de subida, lugar al que desde antiguo se han dirigido los fieles para el ejercicio del Vía Crucis.

Cómo no evocar ahora precisamente el Vía Crucis que la Cofradía de Nuestro Padre Jesús con la Cruz a Cuestas y María Santísima de las Angustias celebra en este lugar la tarde-noche del Jueves Santo, acto que para los exalumnos maristas forma parte de nuestra identidad cofrade, al recordar la marcha lenta y dolorida de las imágenes por el cerro, para luego dirigirse hacia el casco antiguo de la ciudad y atravesar la muralla por el Arco del Socorro camino de la iglesia de San Andrés, ante cuyo ábside hay, sí, otra cruz más de las que venimos comentando.

Síguele cofrade, síguele. Cuando le veas cargado con la Cruz, púrpura la túnica y doliente su mirada, síguele; no le dejes solo pues en la bajada del cerro o al pie de la muralla va a caer bajo el peso de la Cruz, púrpura su túnica y doliente la mirada; carga tú con su Cruz, o coge tu propia cruz que también la tendrás, pero no le dejes solo, cofrade, síguele, púrpura la túnica y doliente su mirada. Qué doliente tiene la mirada ¡!!

Los Altos de la Piedad pueden ser lugar adecuado para evocar el cuento que nos narra Chesterton en su libro “La Esfera y la Cruz”[13], de 1910. Un hombre estaba obsesionado con retirar crucifijos de las escuelas, hospitales, de la calle, recogía cruces sin parar hasta que comenzó a verlas en los postes del tendido eléctrico, en las señales de tráfico, en los andamios… por todas parte veía cruces hasta que dándose por vencido se subió a un cerro y estiró sus brazos para darse cuenta de que la sombra de su figura era…una Cruz.

Volvemos a nuestro itinerario para buscar la última de estas cruces de granito, la que se encuentra adosada al pilar central del Acueducto. Es de características físicas similares a las anteriores, pero tiene un especial valor. Podemos verla como un señuelo de otra Cruz. En efecto, si se distancian algunas decenas de metros del acueducto y se fijan en el pilar central podrán ver que este pilar y el sotabanco forman una gigantesca cruz de granito, incluida la parte superior del brazo vertical, donde se encuentran los nichos.

Sabemos que no es una cruz cristiana, pero sin duda tiene forma de Cruz latina, y lleva presidiendo la vida ciudadana dos mil años. ¿Es un efecto óptico? ¿Es mera casualidad? ¿Es solo la visión intencionada de este pregonero? ¿Podría ser la Cruz más grande de la ciudad en el lugar más importante de la Ciudad? No tengo respuestas para esas preguntas.

Pero no resulta difícil para los cofrades ahora evocar el instante en que la Procesión de los Pasos, en la tarde noche de Viernes Santo llega a este lugar, la intensa vibración que les conmueve. Quizá por lo imponente de la escenografía, quizá por los miles de personas que se concentran en este lugar, quizá por la mezcla de devoción y emoción que les embarga, que nos embarga.

Unos pasos desfilan ante el monumento, como saludándolo, así sucede con la Oración de Jesús en el Huerto de los Olivos, con la cofradía titular de la parroquia de San Lorenzo, según vimos en el bello cartel del año pasado; otros pasos atraviesan el acueducto bajo los brazos de la gigantesca cruz que venimos comentando. Cómo no tener presente el momento en que la Cofradía de la Piedad, de la parroquia de San José sitúa sus tres pasos, Piedad, Magdalena y Calvario bajo otros tantos arcos del acueducto. Tres cruces tres bajo una sola cruz.

Ese recuerdo y ese lugar nos hacen citar la visión que nos cuenta Manuel García Morente en su libro “El Hecho Extraordinario”[14]. En 1938, quien era decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense ha salido de una España que se desangra, perseguido por las dos Españas en conflicto, y refugiado en una buhardilla de París, mientras escucha la Infancia de Cristo de Berlioz, experimenta el misterio de la Cruz al aparecérsele el mismo Jesucristo. Seguidamente tiene una visión en que Cristo crucificado se descuelga de la Cruz y abraza a miles de personas que avanzan desde el horizonte…. miles de personas, miles de personas, yo digo, como las que en las inmediaciones del Acueducto contemplan el paso de la Procesión…….

Dejarnos abrazar por Cristo y tocar la Cruz

El papa Francisco, del que hablamos mucho y al que escuchamos poco y leemos menos, nos ha regalado unas preciosas catequesis sobre la Cruz, muy adecuadas en este momento especialmente para los Cofrades

Nadie puede tocar la Cruz de Jesús, dice Francisco, sin dejar en ella algo de sí mismo y sin llevar consigo algo de la Cruz a la propia vida. Vosotros cofrades, añadimos nosotros, tocáis la Cruz cuando montáis vuestros pasos, cuando engalanáis vuestras carrozas, tocáis la Cruz. Parafraseando al papa que hablaba a los jóvenes en un escenario tan lejano física y espiritualmente a nosotros como era la playa de Copacabana, podríamos preguntarnos, ¿Qué habéis dejado cofrades en la Cruz, después de tantas Semanas Santas? Y ¿qué ha dejado la Cruz en cada uno de vosotros? ¿Qué os ha enseñado la Cruz en vuestra vida?

Tocar la cruz, prosigue el papa, es tocar las llagas de Cristo, y en ellas, las llagas de la Humanidad doliente que nos sale al paso, a los enfermos, a los ancianos abandonados, a los refugiados, a las víctimas de las crisis familiares, a los parados de larga duración, las llagas de todo un mundo que cabe en la Cruz

En otra catequesis nos dice el papa Con la Cruz no se negocia, la Cruz se acepta o se rechaza, con la Cruz no se negocia para aceptarla a medias. ¿Cabe alguna negociación, nos preguntamos nosotros, con los sayones que inmisericordes azotan a Jesús en el pretorio? Evoquemos este momento de la Pasión y los mensajes de Francisco cuando veamos pasar el paso de la Flagelación del Señor, de la parroquia de la Resurrección, Barrio de Nueva Segovia. ¿Hay algo que negociar con aquellos sayones?

Llega el tiempo en nuestro pregón de recordar a quienes nos han precedido, a nuestros padres y abuelos, vivos o difuntos, a los cofrades que, en soledad, mantuvieron nuestras cofradías en momentos difíciles. Son ellos quienes nos han transmitido lo mejor que tenemos: la Fe y la Tradición

Citemos una vez más al papa Francisco quien nos recuerda que el pueblo cristiano es un pueblo memorioso, pues hace memoria de la Historia de la Salvación, de quienes le han precedido en la Fe y en la construcción del reino de Dios

El pueblo cristiano en Segovia también es memorioso, pues ha ido formando un poso, un sustrato sobre el que ahora nos apoyamos, porque, señoras y señores  

Nosotros no vimos a don Aniceto Marinas[15] en procesión, tras sus queridas imágenes del Santo Cristo en su Última palabra y de la Soledad al Pie de la Cruz, que hoy custodia la parroquia de San Millán y la cofradía titular; no le vimos, pero nuestros padres le vieron y nos lo han contado. Como tampoco nuestros padres vieron la coronación canónica de la Virgen de la Fuencisla, pero nuestros abuelos sí que la vieron y se lo contaron a nuestros padres, quienes a su vez nos lo han contado. Y nuestros abuelos no intimaron en Segovia con el padre Claret, ni con la Madre Cándida ni con Carmen Sallés, pero nuestros bisabuelos sí que lo hicieron y se lo contaron a nuestros abuelos, que así nos lo han transmitido. Como nuestros hijos no vieron a San Juan Pablo II en Segovia, pero nosotros sí que le vimos y se lo hemos contado a nuestros hijos. “Recuérdalo tú y recuérdalo a otros”, como nos decía en otro contexto el gran poeta Luis Cernuda.

No cortemos por tanto la transmisión de la Fe y de la Cultura cristiana a las generaciones que nos siguen; no privemos a los jóvenes de tanta sabiduría acumulada ¡¡

También deberíamos contar a nuestros hijos la que hasta ahora ha sido última expresión histórica de vinculación entre Segovia y la Cruz. Efectivamente, cuando en el año 2001 el Patronato de la Fundación “Las Edades del Hombre” debatía sobre el lugar y temática de la exposición que se iba a celebrar en el año 2003, escogió la ciudad de Segovia, el motivo de dicha exposición la Cruz de Cristo y el lugar esta misma Catedral que hoy nos acoge y a la que nos ha conducido el itinerario que hemos seguido esta tarde. “El árbol de la Vida”[16] se denominó aquella exposición, de la que quien era presidente de dicha Fundación y a la sazón obispo de Segovia, don Luis Gutiérrez Martín, decía: “Toda la muestra es como una Semana Santa contada a través del lenguaje del arte”. El verdadero árbol de la vida, añadía monseñor Gutiérrez, es el árbol de la Cruz en el que Cristo, muriendo a sí mismo, ha dado vida al mundo. Imposible olvidar el aspecto que presentaban las capillas de este templo, y estas mismas naves, con la plataforma que se elevó sobre la Vía Sacra, donde se exhibía una magna colección de crucificados. Recordemos cómo destacaban entre los demás el Cristo de la Agonía o de Lozoya, que se venera a pocos metros de nosotros, y el Santo Cristo de San Marcos, que se conserva durante todo el año en esa parroquia y cuya cofradía le acompaña en la procesión del Viernes Santo y en otros cultos que la misma organiza.

Sobre el árbol de la vida y demás simbologías de la Cruz debemos mencionar ahora el impacto que produjo en 1931 la publicación del libro “El simbolismo de la Cruz”[17], de René Guènon, autor no creyente, perteneciente a la masonería y experto en esoterismo. Las tesis de Guènon –la cruz como eje del mundo, escalera para que los creyentes accedan a Dios, sus dos brazos punto de conexión entre lo material y espiritual- fueron seguidas por María Zambrano en varios de sus ensayos[18] e inspiraron el conocido poema de León Felipe: “Hazme una cruz sencilla, carpintero…/sin añadidos ni ornamentos…/que se vean desnudos/los maderos, /desnudos y decididamente rectos: los brazos en abrazo hacia la tierra, el astil disparándose a los cielos. /Que no haya un solo adorno que distraiga este gesto: este equilibrio humano/de los dos mandamientos… /sencilla, sencilla… /hazme una cruz sencilla, carpintero”.[19]

Tengo que añadir que María Zambrano y León Felipe, ambos creyentes, ambos vinculados con la izquierda política, el exilio y la defensa de la República española se habían conocido en Segovia[20], en los años de la Edad de Plata, mucho antes de que René Guenón hubiera publicado su libro….como ven, y como les decía al principio, ningún detalle en esta Historia iba a resultar baladí.

Llegamos al final de nuestro recorrido de hoy; al terminar solo podemos recordar las palabras que el gran escritor y creyente que fue Miguel Delibes decía unos meses antes de morir: “mi fe se fundamenta sobre todo en Jesucristo. Cristo y su evangelio me confortan, y por eso, siempre con mil dudas e incertidumbres confío encontrarme con él en la última vuelta del camino”[21]. Que vosotros cofrades también os encontréis con Cristo en la última vuelta de la procesión, en cualquiera de ellas, desde que seguís a la Borriquilla de José María García Moro el domingo de Ramos y aun en las procesiones preceden a ésta, hasta que participáis en el encuentro del Domingo de Pascua entre el Resucitado y la Virgen del Rocío.

Es ella, María quien os guía en ese camino, ya la veneréis como Angustias, Piedad, Soledad, Dolorosa, o Rocío, también como Inmaculada, Guadalupe o Paz, como la imagen que aquí contemplamos; sabed que todas esas advocaciones caben en una la de Nuestra Señora de la Fuencisla, que os espera en su Santuario todo el año. Porque fue precisamente en la Cruz donde Jesús dijo: Madre ahí tienes a tu hijo, Hijo ahí tienes a tu madre. Y la madre era María, la Virgen de la Fuencisla, la de Segovia; y el Hijo, el discípulo tan amado, eras tú cofrade, o quizá tú misma, mujer no creyente que acaso esta tarde me escuchas.

Al pie de la Cruz estaban, al pie de la Cruz estabais y la Cruz está en Segovia, la ciudad de la Cruz.

Amen.

                                          Javier Emilio García Núñez

                                               20 de marzo de 2021


[1] CABELLO Y DODERO, F.J. (1951): La iglesia de la Vera Cruz de Segovia, Estudios Segovianos tomo III

[2] CARRERO SANTAMARÍA E. y CASARIEGO EGAÑA F. (2008): El Convento de Santa Cruz la Real y su Santa Cueva. Colección Segovia al paso, Real Academia de Historia y Arte de San Quirce

[3] SAN CRISTÓBAL SEBASTIÁN S. (1994): La Iglesia de la Vera Cruz de la Orden de Malta

[4] HERRERAS DÍAZ, A. (1996): “La ermita del Santo Cristo de la Cruz en el barrio del Mercado”

[5] VV.AA. (2016): “Santa Teresa en Segovia. V Centenario de su nacimiento”

[6] Poema compuesto por Santa Teresa para la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz en Soria, 14 de septiembre de 1581

[7] ANTOLÍN, F. (1990): “San Juan de la Cruz en Segovia. Apuntes históricos”

[8] Lleva por título “Coplas del mismo hechas sobre un éxtasis de harta contemplación”

[9] Este poema cuyo título es “Oración” fue publicado por Luis Mínguez “Orejanilla” en El Adelantado de Segovia en 1985 y luego incluido en “Los doce apóstoles de la poesía segoviana” (1987), pág. 96

[10] ZAMBRANO, M. “Sobre la iniciación. Conversación con María Zambrano” Entrevista de Antonio Colinas en Los cuadernos del Norte, nº 38, 1986. Citado posteriormente por varios autores.

[11] GONZÁLEZ DE LA TORRE, J. (2007): “María Zambrano en Segovia”, p. 36

[12] GONZÁLEZ HERRERO, M. (1986): EL Cristo de los Gascones o de Segovia, ed. Librería Cervantes

[13] CHESTERTON G.K. (1910): La esfera y la cruz, ed. Valdemar, 2009

[14] GARCÍA MORENTE, M. (1957): El Hecho extraordinario y otros escritos; ed. Rialp 1986, pág. 45

[15] La obra más completa sobre Marinas es la de HORCAJO MATESANZ, A. (2007): Grita el bronce, habla la piedra, reza la madera. Vida y obra del escultor Aniceto Marinas

[16] Ver catálogo exposición “El Árbol de la Vida”, ed. Fundación Las Edades del Hombre, 2003

[17] GUENON, R. (1931): El simbolismo de la Cruz; Olañeta editor, Barcelona 2003

[18] Ver varios ensayos de ZAMBRANO M.: “Claros del bosque” o “La tumba de Antígona”

[19] FELIPE, L. (1920): “Versos y Oraciones del caminante”, ed. Visor 1983

[20] El encuentro entre María Zambrano y León Felipe en Segovia en MARSET, J.C. (2004): “María Zambrano, los años de formación” Fundación José Manuel Lara, pp. 309-310.

[21] GARCÍA DOMÍNGUEZ R. (2010): “Miguel Delibes de cerca”, ed. Destino; pág. 872